CD. VICTORIADESTACADASOPINION

Obras públicas de la IVT: la nada laboral

Obras públicas de la IVT: la nada laboral

La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

¿Quién es el Secretario de Obras Públicas de la IV T en Tamaulipas?
¿Qué ha hecho?
¿Ha mostrado algún plan de obra pública para la entidad y para mitigar los daños en calles y carreteras por las lluvias de los pasados fenómenos metorológicos que azotaron la región?
Casi todos los gobiernos estatales, trazan una obra emblemática que pone sello a la administración estatal, ¿se sabe, que el sujeto –o sujeta– que comanda esa vital dependencia, haya imaginado un proyecto para dar lustre a su cargo y a la administración que le ha regalado tan trascendente puesto?
Hasta hoy, dicho funcionario, es muy probable que su más destacada idea haya sido la de proponer convertir una carretera en el deprimido IV Distrito, en una vía de cobro. Efectivamente: ni en los más alucinados sueños neoliberales de los neoliberales, pasó esa funesta propuesta por sus cabecitas.
Y vaya que los neoliberales, eran cajeta para el billete.
Sólo la indignación de los habitantes de esa zona –hostigada por la pobreza y la precariedad– que afloró en varias protestas masivas, frenó esa desquiciada intentona.
Desde entonces, el imprudente individuo, no ha dicho esta boca es mía en asuntos de obra pública; se escondió en su escritorio a repartir contratos de pequeñas obras en la región y se olvidó de aparecer bajo los reflectores.

No es exagerado, afirmar que en estos momentos, Tamaulipas vive una de sus peores crisis en el renglón de las infraestructuras urbanas y rurales de los 43 municipios del estado. Sólo un Ayuntamiento, vive sin esas tensiones: Tampico. El puerto, sigue siendo el paraíso tamaulipeco: sus redes de drenaje y agua potable, funcionan dentro de la normalidad; sus redes de alumbrado público operan con estándares de calidad como no existen en otros lugares y sus calles siguen teniendo la mayor funcionalidad que el resto de los 42 municipios tamaulipecos.
Madero y Altamira, están a un paso del colapso en su tejido urbano de rúas, el drenaje casi se obstruye totalmente con la más mínima lluvia, y el alumbrado público falla con regularidad.

Madero y Altamira, están a un paso del colapso en su tejido urbano de rúas, el drenaje casi se obstruye totalmente con la más mínima lluvia, y el alumbrado público falla con regularidad.
La frontera ni se diga: en Reynosa, no trabajan las redes de drenaje y agua potable y en pleno centro de la ciudad, se generan inundaciones y encharcamientos hasta en las sensibles áreas de hospitales.
Y así, en más del 80 por ciento del territorio frontrerizo.
Por diversos factores uno el presupuestal: el Ayuntamiento tamaulipeco, es devorado por lo extenso de las burocracias municipales –la nómina, representa más del 50 por ciento de los gastos de operación–, las ciudades están en agonía y los ciudadanos en permanente susirio.
Otro que no se ha explorado con la debida seriedad: la inamovible corrupción, lastra los programas de obra pública en los municipios.

Lo que inquieta, es que la Secretaría de Obras Públicas –y su titular–, se hagan de la vista gorda y dejen hundirse a los alcaldes, ante el desbordamiento de las necesidades ciudadanas en el ámbito del equipamiento de los municipios.
Ciudad Victoria, es uno de los ejemplos más evidentes de esas circunstancias: devorado el presupuesto por un insaciable sindicato de trabajadores del Ayuntamiento, resta a la autoridad fondos públicos: los ve pasar, de sus manos a las manos de una burocracia cuya casta dorada devenga salarios y compensaciones de lujo.
¿Por qué no citar al Congreso local al Secretario de Obras Públicas, para que informe a esa soberanía su estrepitoso fracaso y por consiguiente su inutilidad?
Total: si no da cuentas de obras públicas, que ofrezca una explicación de lo que hacen en su tiempo libre, él y su insensible burocracia que le ayuda a vivir en la nada laboral.

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