¿Qué la ciudad desapareció?
¿Qué la ciudad desapareció?
***El devastador sismo dejó una grieta que sigue abierta. En aquel entonces, seis jugadores, que vinieron del interior de la República, entrenaban con la selección todos los días. El plan fue que Bora Milutinovic tuviera el mayor tiempo posible a sus elegidos.
La esposa de Fernando Quirarte cumple años el 19 de septiembre. En 1985 vivía en la Ciudad de México porque lo acompañaba mientras se preparaba junto al Tri para el Mundial.
“Un día antes la llevé al aeropuerto para que regresara a Guadalajara y festejara con la familia. Yo no podía porque ese 19 de septiembre viajamos temprano a Los Ángeles para jugar contra Perú. Tuvo buena suerte de no estar en el terremoto”.

El devastador sismo dejó una grieta que sigue abierta. En aquel entonces, seis jugadores, que vinieron del interior de la República, entrenaban con la selección todos los días. El plan fue que Bora Milutinovic tuviera el mayor tiempo posible a sus elegidos.
Desde Monterrey llegaron cuatro y dos más de Guadalajara, entre ellos Fernando Quirarte, el único de Chivas en aquel combinado.
“Los primeros meses viví en un hotel en Paseo de la Reforma, después me mudé junto a mi esposa a un departamento en El Caminero, al sur de la ciudad”.
Ese 19 de septiembre, se citó a los jugadores a las siete y media de la mañana en el aeropuerto Benito Juárez. Llegaban cada cual en sus autos, que dejaban estacionados en el hotel Camino Real. Jamás pensaron que la vida de toda una ciudad se iba a alterar en cuestión de segundos.
“Cuando iba caminando del hotel al aeropuerto vi a gente saliendo a gritos y entonces sentí el temblor. Las lámparas se estremecieron y los postes se jalaban de un lado a otro. Eran las 7:19”, relata Quirarte.
La Ciudad de México comenzó a agitarse de forma violenta hace 40 años. El sismo magnitud 8.1 dejó entre 7 y 8 mil muertos, aunque organizaciones civiles estiman que fueron más de 30 mil personas las que perecieron. Hubo historias de todo tipo, macabras, terribles, dolientes. Las costureras, las escuelas, los hospitales, el Centro. Jacobo Zabludowski, la voz de las noticias en aquel entonces dijo, “la ciudad, como la conocí, no existe más”.
“A pesar de todo, entramos al aeropuerto”, continúa Quirarte, “subimos al avión, pero era un caos. Dos horas después despegamos sin cargar el suficiente combustible por razones obvias y nos desviamos a Guadalajara. En el transcurso todos los jugadores estaban preocupados, querían comunicarse con sus familias. No había mas que líneas saturadas”.

Al aterrizar en Guadalajara, varios de ellos salieron del avión para telefonear, algunos tuvieron suerte. El equipo mexicano llegó entonces a Los Ángeles. Cuando abrieron las puertas, una horda de reporteros se abalanzaron sobre ellos.
¿Es cierto que la ciudad desapareció? ¿Que la ciudad de México está en llamas? ¿Cómo sintieron el terremoto?
Quirarte se anudó la garganta mientras la gente quería información. No supieron qué responder. Al llegar al hotel vieron las imágenes de una ciudad derrumbada.
“Híjole, fue tan fuerte. Los edificios que había visto, por donde había pasado, ya no estaban. Me acuerdo mucho del Viaducto y de Tlatelolco; el multifamiliar Nuevo León colapsado le dio la vuelta al mundo. También Chapultepec, el edificio de Televisa que conocía por las entrevistas que había dado ahí, ya no estaba”.

El viejo parque de béisbol del Seguro Social sirvió de anfiteatro, en tanto, entre escombros, piedras y horror, miles de personas quedaron enterradas.
El futbol siguió como ordenan las reglas del entretenimiento. México jugó el 20 de septiembre de 1985 un partido insulso y desanimado ante Perú con un moño negro en la manga izquierda de la camiseta. Empataron a cero. Dos días después, otro partido de preparación contra la misma Perú, 1-o triunfó con gol de Carlos Hermosillo.
El regreso fue aterrador.
“No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Estaba el rumor de que el Mundial se iba a cancelar. Fue mucha la incertidumbre porque la tristeza y desolación era enorme, pero al final el futbol sirvió para que la sociedad, que trabajó muy duro, se levantara de nuevo y demostrara que es más grande que cualquier temblor”.
Carlos Barrón

