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El reeleccionista Alito y Tamaulipas

El reeleccionista Alito y Tamaulipas

La Comuna

José Ángel Solorio Martínez

El impacto de la obstinación de Alito Moreno, por manener bajo su control el Comité Ejecutivo Nacional del PRI, tendrá funestas consecuencias para el priismo tamaulipeco. Por principio, cayó como una demoledora explosión: sólo una minoría está de acuerdo, al tiempo que un grupo mayoritariamente influyente en la región, ha iniciado a construir una salida a tanta inconformidad e indignación en una militancia que esperaba tiempos de renovación en sus filas.

Los priistas tamaulipecos leales al reeleccionista Alito, son apenas Paloma Guillén Vicente, a quien el mismo líder nacional había puesto en el cargo, y el ex drigente del CDE del tricolor, el nuevolaredense, Ramiro Ramos.
Es evidente: no van en defensa de la militancia; van, en pos de sus particulares intereses.
Paloma, sigue en la ubre presupuestaria en el Congreso local; Ramiro, busca regresar –por la ruta plurinominal– al Congreso federal o local.
Se infiere: la dirigencia nacional, se quedará casi sola en Tamaulipas. A esos intentos continuistas del virtual senador, Moreno, se suma un desempeño desastroso y desaseado de la dirigencia del PRI tamaulipeco que hicieron caer la clientela electoral del ex invencible, hasta cifras impensables por lo reducidas.

La mayoría de la militancia relevante, busca una salida pertinente. La vía de encontrarla en el viejo PRI, envejecido aún más por las actitudes cuasi monárquicas del multicitado Alito, se evaporó. Ahora, se plantea la construcción de una opción regional, mediante la organización de un partido local.
No es una idea descabellada.
Justo esa estrategia, generó desde las entidades un Partido Nacional Revolucionario (PNR), en los años 20 del siglo pasado.
El escenario regional, está propicio para el florecimiento de ese tipo de proyectos: un entramado de partidos opositores –PRI, PAN, MC– sin una carga opositora decente y sensata; una clase política prianista enlodada y tan sucia que da miedo; y un partido dominante –MORENA– tempranamente enlodado por la suma de presuntos activos políticos, que le están incorporando cieno desde la militancia y desde diversas áreas de gobierno.

Las circunstancias de hoy, se asemejan a las que predecedieron la emergencia del Partido Socialista Fronterizo (PSF) de Emilio Portes Gil: una clase política con mentalidad porfirista, que frenaba el desarrollo de la entidad; partidos políticos sin programas de acción ni declaración de principios; ausencia en el país de partidos nacionales potentes y respetables; y una avidez por el cambio de instituciones y de liderazgos de miles de tamaulipecos.
El priismo local, sólo está poniendo la vista en sus orígenes.
Para todo priista regional, resulta una titánica tarea el transformar a su partido desde el centro. Allá Alito, tiene todo con que ganar. Toda alternativa de la periferia, se percibe inviable.

Por eso, la recuperación del PRI, resulta una estrategia inútil como infructuosa: ¿tendría caso gastar esfuerzos políticos y financieros para recuperar un cadáver?
La idea que está tomando forma –delinear un partido local–, de agrupar a una militancia agraviada por el PRI de Alito y por las envenenadas alianzas concedidas por él, es una de las respuestas más válidas para salir de una crisis que está acabando con los últimos signos vitales de los tricolores en Tamaulipas.
Aparte: esa respuesta, sería la forma más digna y elegante, de contestar a las provocaciones de Alito y socios tamaulipecos.

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